EL DERECHO DE PROPIEDAD ACTUAL Y FUTURO
Por un lado,
el desarrollo de la propiedad privada tiene una profunda incidencia en el orden social y se traduce en el
crecimiento de la fortuna privada como publica. A lo dicho añadimos que
paralelamente se ha producido una explosiva expansión del crédito, no solo el
que calificamos de artesanal, sino también y principalmente el de grandes números o alta
escala. Tampoco podemos ignorar y nuestra realidad no requiere demostración que la
riqueza está deficientemente repartida y
que es imperativo “democratizarla”, esto es, extenderla al mayor número posible
de peruanos. No podemos echar en caso roto el hecho cierto de que en un sociedad moderna y que agrupa a grandes
coaliciones de capital, industria y trabajo, el individuo como tal está en
desventaja y que la intervención del Estado, a través de las leyes, resulta indispensable
para darle apoyo. Desde luego no estamos propiciando un estatismo que conduzca
vulnerar los principios fundamentales sobre los cuales se asienta nuestro
sistema constitucional y democrático; pero sí creemos que el fenómeno intervencionista
es inevitable en la propiedad como en la contratación, en defensa de la
comunidad pero dentro de un equilibrio que no
menoscabe la esencia misma del
derecho de dominio, ni la libertad contractual.
Debemos aclarar que, desde nuestra óptica, la intervención
estatal que corresponde dentro del concepto de la función social de la propiedad debe presentarse de
manera tal que no resulte sacrificada la libertad y la iniciativa privada bajo
el peso de los deberes que son consecuencia de aquella. Es indispensable, por
lo tanto buscar formulas de equilibrio y no caer en excesos que conduzcan a
retrocesos que terminan por empobrecer a la sociedad. Se dice, y ello es exacto
a nuestro entender que, la preocupación de las ideas socialistas de velar por una justa distribución de las
riquezas conduce con excesiva
frecuencia, a hacerlas demasiado a menudo
escasamente atentas a lo que puede estimular su producción. Se dice
igualmente que “la disminución de las garantías
de la propiedad privada no puede llevar más
que a un empobrecimiento rápido de la sociedad. Cuantos males sociales son
evitados por la abundancia y la propiedad, mientras la armonía de los intereses
económicos, acaba por aparecer como un conglomerado de estos intereses
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